Queridos amigos:
Un solo texto no sirve para analizar bien las consecuencias de la victoria de Sarkozy en Francia, así que voy a salpicaros con otro para redondear un par de puntos que ayer sólo mencioné: la reacción de Zapatero a la victoria del húngaro, y los disturbios que se han prolongado por segunda noche consecutiva en las grandes ciudades francesas, y que ya se han saldado con cerca de 600 detenidos y con más de 700 coches incendiados.
Ante unas elecciones extranjeras, un presidente debe tener dos actitudes: por un lado, si un candidato pertenece a su mismo partido no está de más respaldarle, para que sus electores vean que está arropado por gobiernos extranjeros; por otro, hay que dejar totalmente claro que la amistad de los dos países están por encima de los intereses de partido, y que sea quien sea quien el elegido democráticamente, trabajará con él por el futuro de ambas naciones.
Desde ese punto de vista, Zapatero no metió excesivamente la pata en el caso francés (sí lo hizo en los casos norteamericano y alemán); pero fue su frase ante la victoria de Sarkozy lo que nos hace dudar de su capacidad de análisis de la política internacional. Así, afirmó que Sarkozy representa "una derecha abierta y moderna capaz de encauzar el anhelo de cambio de un país llamado a recuperar la confianza en sí mismo". Lo cual es cierto. Pero siempre que Zapatero menciona la palabra derecha yo me echo a temblar y me pongo a rebuscar significados ocultos. Veamos, si Sarko representa a una derecha abierta y moderna, ¿quién representaría a una derecha antigua y cerrada, Le Pen? Sin duda, el líder de Frente Nacional aboga por la reimplantación de la pena de muerte y la salida de Francia de la Unión Europea. Pero no creo que nuestro amado Presidente haya pensado en Le Pen, sino más bien en el Partido Popular español; no en vano, tanto él como sus chicos (la Vicepresidenta, Pepiño, y los otros cráneos privilegiados del socialismo español, por no hablar del coro prisaico) se pasan la vida acusando al PP de ser eso mismo precisamente: una derecha carca, clerical, guerracivilista, racista, homófoba, fascista, sembradora del odio, etc... Y aquí hay dos problemas: que Sarkozy se declara aznariano, admira profundamente al PP español, expresó su deseo de que Rajoy y él se encuentren como presidentes de sus respectivos países, y llegó a gritar aquello de "Vive Mariano! Vive le Parti Populaire!" en un Congreso del PP en Madrid; y el segundo es que la izquierda francesa acusa a Sarko exactamente de lo mismo que Zapatero acusa a la derecha española: de ser un mini Le Pen ("El País" llegó a insinuar, sagazmente, que si Sarko había ganado en la segunda vuelta había sido gracias al voto del Frente Nacional; les faltó decir que gracias también a más de la mitad del voto centrista, y que Segolene también recibió el voto de los comunistas; en fin, bienvenidos al maravilloso mundo de las segundas vueltas), de ser fascista (los manifestantes que se dedicaron estas noches a quemar coches, y de los que hablaré más adelante, gritaban "Sarko, facho"), de querer acumular todo el poder, de querer beneficiar a los ricos y perjudicar a los pobres, de ser, en fin, casi como un nuevo Hitler (si no lo creéis, entrad en lemonde.fr, o en cualquier sitio de la blogosfera francesa anti sarko).
Conclusión, que se pueden decir muchas cosas buenas de Sarkozy, pero lo de derecha moderna y abierta, de boca de Zapatero, me suena a "no tengo ni puta idea de qué decir, voy a soltar esto a ver si de paso pico un poco a los del PP".
Segundo punto: Ya es la segunda noche de disturbios en toda Francia, de mano de grupos anarquistas y de extrema izquierda, con un balance aproximado (lo repito) de cerca de 600 detenidos y más de 700 coches calcinados (para los que os manejéis con el francés, os recomiendo el dossier de noticias
http://fr.news.yahoo.com/v/violences-urbaines.html). Así es como parte de la izquierda se toma la derrota en unas elecciones democráticas. François Hollande, el compañero sentimental de Segolene, en lugar de condenar enérgicamente la obra de estos bárbaros (algunos se llegaron a aprovechar del tumulto para saquear supermercados, y se llegó a arrojar al Ródano a un militante del partido de Sarkozy, la UMP, además de apedrear alguna de sus sedes y concentraciones de militantes), se limitó a animarles a expresarse votando en las próximas elecciones, con el tono paternalista de un jefe que ve cómo sus chicos se salen un poquito del tiesto, no con el de un demócrata indignado ante la barbarie. Lo que significa que asume que son de su mismo bando, y que les anima a votar al Partido Socialista. Francamente, cualquier político democrático se avergonzaría de que sus partidarios recurrieran a la violencia tras una derrota electoral, no así otro tipo de políticos, a los que sí les viene bien tener machacas que calienten la campaña (por no hablar de los famosos "incontrolados", tan queridos por nuestra izquierda a la hora de justificar sus crímenes). Es más, Hollande llegó incluso a decir que la violencia beneficiaba a los partidarios del orden y la mano dura, es decir, a la derecha (se refería a la derecha abierta y moderna de Sarkozy).
Conclusión: estas elecciones están mostrando a los socialistas de ambos lados de los Pirineos desorientados tanto ante el favor popular que está obteniendo la derecha, como ante determinados usos de la izquierda, espoleada por las consignas socialistas de "todo conservador es fascista y debe ser tratado como tal"; consignas éstas que, cuando son mentira, se alejan del centro y se acercan a algo a lo que ningún partido democrático debería acercarse. Mitterrand y González ganaron unas elecciones tras otras con otros discursos y otras actitudes. Veremos cuánto tardan sus herederos en entenderlo.
Un abrazo, amigos.
P.D.: Quiero pedir excusas por un error de mi artículo anterior. En él comentaba que había sido la racaille la causante de los disturbios. No fue así; las banlieux de París no mostraron una violencia inusitada (teniendo en cuenta que en toda Francia se queman cada día una media de entre 70 y 100 coches, y que durante los disturbios de 2005 fueron 8700 los que ardieron en 3 semanas), probablemente por los llamamientos a la calma previos por parte de organizaciones de inmigrantes, y por el despliegue de 3000 policías en la zona. Supongo que las 2700 detenciones de 2005, seguidas de más de un centenar de deportaciones, también habrían ayudado a descongestionar dichas zonas de los elementos más peligrosos. En todo caso, en las áreas más castigadas por los disturbios se votó masivamente a Segolene, al tiempo que se seguía culpando a la policía de todos los disturbios. Confieso que si fuera socialista me asustaría tener ese tipo de votantes.
Por último, decir que las dos caricaturas que ilustran este artículo son dos ejemplos de cómo la ziquierda francesa veía a Sarkozy, y que el título se sigue refiriendo a la cancioncilla del artículo anterior.