viernes 27 de abril de 2007

In a world made of steal, made of stone




Queridos amigos:
Tras casi un mes sin escribir en este blog, por fin puedo introducir un texto (largo de narices), en el que hablaré de mis tres chicos favoritos, todos ellos de actualidad por alguna razón: Sarkozy, Rajoy y Ronald Reagan.
Comenzaré por nuestro querido Sarko, que acaba de ganar la primera vuelta de las presidenciales francesas con un 30% de los votos y 5 puntos de diferencia con Segolene Royal. No hay que echar todavía las campanas al vuelo, pero se puede ser optimista. Sólo en unas elecciones, en los últimos veinte años, el vencedor de la primera vuelta perdió en la segunda; fue en 1995, la primera victoria presidencial de Chirac, frente al socialista Jospin; la principal cuestión es que en aquella ocasión la derecha gaullista se presentó dividida, con Chirac al frente del RPR (Rassemblement Pour la Republique) oficial, y Balladur al frente de una escisión del mismo, que quedó tercero (el cuarto, por supuesto, el inefable Le Pen). En aquellas condiciones, la victoria gaullista en la segunda ronda era inevitable.
En esta ocasión será más difícil. Hay que retroceder hasta 1988 para encontrarnos al partido de centro en la tercera posición de la primera vuelta, con la llave de la victoria. En aquella ocasión ganó Mitterrand al joven Chirac (tras conseguir el veterano socialista, en su última victoria electoral, la machada de 10 millones de votos en la primera vuelta, frente a los 6 millones del por entonces alcalde de París), pero si miramos los números, en la segunda vuelta Chirac habría conseguido cuatro de los cinco millones de votos centristas (consiguió catorce, y Le Pen sólo había obtenido cuatro en la primera vuelta).
Lo dicho, que no se puede echar aún las campanas al vuelo, aunque se puede ser optimista. Si tenemos en cuenta que los pequeños partidos de extrema izquierda han obtenido unos resultados históricamente bajos, y menores en conjunto a los votos de Le Pen (cuyos resultados fueron los más bajos en décadas), y que los votos del centro tranquilamente se pueden dividir al 50%, la victoria de Sarko está cerca. Y con ella, la apertura de una nueva era de ultra liberalismo saneador de las congestionadas instituciones francesas, ideas claras sobre la religión, la inmigración, el empleo, la política y la educación, mano dura con la delincuencia y europeísmo atlántico.
En último caso, cabe felicitar a los franceses de haber por fin puesto en tercera posición a un partido centrista moderado, y haber reducido duramente los votos a los partidos radicales de ambos signos.
El segundo prota de estas líneas es, cómo no, Don Mariano. Hace unos días fue a bailar al programa de TVE "Tengo un insulto para usted". Estuvo en su línea, moderado, suave, tranquilo, apelando al sentido común y a la comprensión. Respondió a los gritos e insultos de los ultras ahí reunidos con una sonrisa, tarareando estrofas tranquilizantes con una sonrisilla irónica; no repartió leña; no usó expresiones como "traición", "estupidez", "a usted le ha tomado el pelo un rebaño de asesinos", "¿qué vale ahora su palabra?", etc, y eso que la gente sólo le preguntaba por su desleal oposición en el tema del terrorismo (de los 35 votantes del PP presentes, sólo se le dio la palabra a 3; y luego dirán que la TVE socialista es un ejemplo de democracia, etc); hasta tuvo toques maestros: cuando un gañán se puso a gritarle tanto sobre la guerra de Irak que hasta Milá se hartó de él y le mandó callarse, Don Mariano lo acalló pidiendo a Milá que le dejara terminar; el gañán, por supuesto, terminó su pregunta ronroneando como un gatito; cuando una versión metrosexual del difunto humorista Eugenio le preguntó por las banderas preconstitucionales en las manis del PP, Rajoy apuntó que no le gustaba la gente que repartía carnets de democracia, y que a él la izquierda no le da lecciones de democracia, ni de ninguna otra cosa. Todo ello un poco balbuceante, aparentando que se atropellaba, para no parecer insultante. En Libertaddigital, por supuesto, se le criticó por estar blando y no hablar del golpe de estado que pretende ZP junto a los etarras (los de txapela y turbante, sin distinción). En cuanto al PSOE, sólo pudieron decir que llevaba un boli en la mano y que no quiso decirle cuánto ganaba a una pensionista deficiente mental que recibía una pensión de 300 euros. Si yo ganara más de un kilo al mes tampoco tendría la (poca) vergüenza de decírselo. Tampoco hubiera violentado más la situación diciéndole que podría estar ganando tres o cuatro veces más si siguiera como registrador de la propiedad. Que por cierto, los guiñoles pretenden hacernos creer, insultando nuevamente a la inteligencia, que Rajoy no llegaría a fin de mes si no fuera por la política. Claro, como que los registradores de la propiedad tienen dificultades económicas. A quien habría que preguntar sería a ciertos gerifaltes del PSOE qué serían sin su carnet: al profesor asociado de la Universidad de León Zapatero; a Blanco y Montilla, que no tienen carrera universitaria; a la vicepresidenta, la hijita progre de un secretario de estado franquista, que sacó las oposiciones de jueza a la octava, ya con el carnet del PSOE en el bolsillo y éstos gobernando, y que en cuanto sacó dichas oposiciones, Felipe González, sin pudor alguno, metió con calzador en el Tribunal Supremo, sin que antes ella hubiera pisado ningún juzgado ordinario.
Para terminar con la situación española, señalar el gafe de Zapatero, que en cuanto dice que la Bolsa va estupendamente va ésta y se desploma; que el caso de corrupción de Ibiza apunta directamente al cuello de Blanco, y que las revelaciones de Conthe y el culebrón de Arenillas nos hacen recordar aquellos maravillosos años de desenfrenada corrupción felipista (Rubio, Paesa, Roldán, los Albertos, Mario Conde repartiendo leña, aquellos maletines de dinero negro manchado con la sangre de los GAL, jó, qué tiempos: millones de parados, ETA masacrando gente en el centro de Madrid, Polanco exigiendo, y obteniendo, la cabeza de Liaño, Sopena metiendo con calzador propaganda electoral del PSOE después de un gol de Butragueño con la selección española, Roldán a punto de ser ministro de Interior, Corcuera y su ley de la patada en la puerta, Juan Guerra, el CESID grabando a todo Dios y Perote subastando públicamente las cintas, los amigotes del Rey entre rejas por corrupción…; y nos quejamos de Zapatero, qué ingratos somos).
Pero no todo fue malo en los 80. Al margen del comienzo de la decadencia del cine americano (Coppola hacía "Rebeldes", Scorsese "El color del dinero" y Clint "Pink Cadillac"; Billy Wilder se retiraba del cine y surgían Meg Ryan, la comedia romántica y Jerry Bruckheimer) o la existencia de una estética bochornosa donde la laca y las hombreras campaban a sus anchas, había cosas salvables, como el pop español (superado el ejercicio de amnesia colectiva para tratar de olvidar el cine de los Hombres G), las primeras películas de Garci, los refrescantes libros de Vizcaíno Casas, o, sin ir más lejos, Ronald Reagan.
Me explico: en USA me compré un libro de discursos radiofónicos del Viejo (con cd incluído). Los pronunció en los 70, haciéndole oposición a Carter y postulándose de cara a las primarias republicanas, y son una gozada. El objetivo del libro era apuntar que la revolución que comenzó en los ochenta no tuvo en Reagan a un mero mascarón de proa populista, sino a uno de sus principales cerebros. Y me lo creo. Reagan era un liberal puro, que casi rayaba en el anarquismo. Había nacido en el año 1911, por lo que había conocido la América anterior a la II Guerra Mundial (en la que no pudo combatir por un problema de vista, y tuvo que contentarse con hacer películas propagandísticas, una vida paralela a la de su amigo John Wayne; ciertamente se lo ponían fácil a los antimilitaristas), una América sin apenas burocracia, una América campesina, de gente que se buscaba la vida en la Depresión subiéndose al primer tren de mercancías que pasara por allí, una América profundamente cristiana donde los niños obedecían a sus padres por la cuenta que les traía y a los 12 años conducían tractores y disparaban con notable puntería; una América, en suma, donde no existía el victimismo racial, ni la droga, ni determinadas sensibilidades de izquierda, y donde todo el mundo trabajaba durísimo para conseguir comida y derechos. Esa fue la América que conquistó el mundo, que dominó todo el continente americano con mano de hierro, que fabricó los aviones que derrotaron a la Luftwaffe y que parió a los hombres que doblegaron al Japón. América fue el único país en aquella guerra que venció en dos frentes. Y todo ello bajo gobiernos del Partido Demócrata. Exactamente el partido en el que comenzó militando Reagan.
Después llegó Eisenhower, y por alguna extraña razón los demócratas dejaron de ser beligerantes con el comunismo. No hay más que comparar a Truman con Kennedy. Ya en los 50 Reagan se pasó a los republicanos (además de coordinar, junto a Nixon, la famosa caza de brujas anticomunista de Hollywood). Habría que esperar hasta 1978 para que otro nutrido grupo de demócratas, hasta las narices de Carter, se pasaran al Partido Republicano. Ellos fueron los neocon, y Reagan fue algo más que su símbolo. Fue el hombre que les consiguió, en 1984, la mayoría electoral más aplastante de la historia.
La cosa ya empezó en la segunda mitad de los 70, cuando Reagan, tras dos mandatos como gobernador de California, deja su cargo para entregarse en cuerpo y alma a la oposición a Carter. Y lo hizo con un micrófono. Él había sido actor y locutor de radio, así que se las sabía todas: Hablaba del terrible despilfarro de dinero público, de cómo la marihuana corrompía a la juventud, de cómo los ecologistas eran una panda de mentirosos alarmistas, de cómo Pinochet había salvado al pueblo de Chile, de por qué el Canal de Panamá debería seguir siendo norteamericano, de por qué el comunismo era el Mal absoluto, de por qué los americanos no debieron retirarse de Vietnam, de por qué las leyes deberían servir para protegernos y hacernos libres, y no para entorpecer las actividades individuales y alimentar a una panda de burócratas parásitos... Consiguió crear una línea: a un lado estaban los honrados trabajadores americanos y de todo el mundo, policías, soldados, agricultores, padres y madres, gentes con sueños de prosperidad y libertad; al otro, burócratas, comunistas, criminales, hippies, sindicalistas, vendedores de drogas, psicópatas, tertulianos... O lo que es lo mismo, consiguió vender un discurso de derechas a la clase trabajadora; creó un populismo de derechas y democrático. Lo nunca visto.
Y no sólo hizo eso para ganar las elecciones, sino que llevó a cabo todo lo que prometía: recortó el gasto público, combatió los sindicatos, liberalizó la economía, abortó huelgas con suprema dureza, echó a los cubanos de Granada, intervino a sangre y fuego en Nicaragua y El Salvador como en los tiempos de Teddy Roosevelt.... Ah, sí, y ganó la Guerra Fría.
Y toda esa revolución los americanos la vieron en los periódicos, y en sus pantallas. El cine y la televisión de los 80 parecía salida de la mente del Viejo: El lema del Equipo A parecía ser "Dios mío, hay un pequeño o mediano empresario en apuros; corramos a socorrerle a tiros; y de paso enseñémosle a su descreído hijo lo que es un hombre de verdad"; en Top Gun, Tom Cruise vence una depresión (y una crisis de identidad sexual) matando comunistas y descubriendo que su padre fue un héroe en Vietnam; en "Depredador", el apodo de Arnold es Dutch, el mismo que el de Reagan, y las primeras frases parecen resumir la política exterior americana en los 80; la trilogía de Rambo exploraba los complejos sobre Vietnam, y cómo los hombres que allí lucharon son quienes debían remodelar la sociedad americana y su política exterior (igual que en el Equipo A)...
Podemos seguir señalando connotaciones en Superdetective en Hollywood, Superman o en algunas secuelas de Harry el Sucio, etc, pero ya hay un libro sobre el tema ("Hard bodies: Hollywood masculinity in the Reagan Era", de Susan Jeffords), así que concluiré expresando mi admiración por un hombre que, si bien creó un cine horrible y se cargó a bastante gente, supo crear una retórica profundamente de derechas pero, al mismo tiempo, popular, que conectaba con el ciudadano medio. Los demócratas apenas se han recuperado desde entonces. A ver cuándo llega el ejemplo a España.
This is Ronald Reagan. Thanks for listening.
P.D.: El título del comentario es mi verso favorito de la música reaganiana (tampoco había mucho donde elegir); la frase final es con la que terminaba el Viejo sus discursos, y las ilustraciones son un delicioso mapa electoral de Francia y el cartel de la película "Un puente muy lejano", una imagen que expresa ideas de lucha y esperanza: lo que sentimos por la victoria de Sarko y Rajoy. Hubiera quedado mejor una peli de Reagan, pero eran impresentables.