
Queridos amigos:
Hacía mucho tiempo que no escribía, como corresponde a mi posición. Pero hoy he encontrado un hueco para comentar la deriva de la situación política española. No hace falta que me lo agradezcáis.
Comenzaré hablando, como debe ser, del Gobierno. Mucha gente prefiere criticar a la oposición, y les gustaría que el calendario político lo marcara lo que hace el Partido Popular; desafortunadamente, quien está gobernando ahora es el PSOE, y por tanto sus decisiones, sus crisis internas, y sus ideas de quién debe medrar y quién apartarse del poder, nos afectan a todos, ya que normalmente somos los ciudadanos los que lo pagamos, pues tanto sus prebendas son concedidas con nuestros impuestos, como sus errores se traducen en parados y en otros desafueros a nuestros bolsillos y otros aspectos de nuestra vida.
Pero no voy a hablar de la crisis; de esa crisis que hace 5 meses no existía, según el Gobierno; de esa crisis cuya negación supuso la victoria de Solbes en el debate contra Pizarro (¿puede cambiarse el resultado de un encuentro varios meses después?); de esa crisis de la que alertó el PP hace 4 años si Zapatero no tomaba medidas económicas. ¿Qué dijeron los socialistas durante estos años al respecto? Llamaron a Rajoy “Profeta del desastre y desastre de profeta”; dijeron que la derecha no aguantaba que la izquierda supiera gestionar; se llenaban la boca felicitándose a sí mismos del superhábit heredado... Pero no, no voy a hablar de la crisis; sencillamente, porque no sé de economía.
De lo que sí sé es de lo que puede saber alguien de mi generación. Me explico: titulo este artículo con una expresión que definía a los ancianos gerifaltes soviéticos y lo ilustro con el diseño de la portada del álbum “La juventud de Corto Maltés”, del gran Hugo Pratt (uno de mis héroes literarios favoritos, aunque este album concreto no sea tan bueno como “Corto Maltés en Sibera” o “Las Etiópicas”, por citar sólo un par de ejemplos; en todo caso, nunca está de más recordar que Corto y el viejo Raputín también fueron jóvenes alguna vez, allá por 1905, en tiempos de la Guerra Ruso-Japonesa). Todo ello para referirme a la fiebre que le entró al PSOE por colocar en primera línea política a churris jovencitas, a ser posible rubias y monas, y en torno a los 30 años, es decir, la edad de mi hermanita (vaya cambio; de los ancianos socialistas y los jóvenes aventureros, a nuestras ministrinas, como dice mi augusta madre, que quedó la 5ª de España en unas oposiciones a cátedra con 30 años). Aquí entran Karma Chacón, Bibiana Aído o Leire Pajín, por citar los ejemplos de mayor actualidad. Todo ello conforme a una campaña de imagen que haga creer a los “jóvenes” que el PSOE les entiende y les valora, y especialmente a las mujeres.
Lo cual sería precioso, si no fuera porque el invento hace más agua que un pecio. Porque no se puede valorar aquello que no tiene valor. Desde hace bastantes años ha surgido una generación de jóvenes que, en cuanto han terminado una carrera, cuando lo han hecho, han entrado en un partido político sin mayor conocimiento de la realidad externa a un partido que el de la cafetería de la facultad y el de la televisión. No han trabajado, no se han enfrentado a una entrevista, no han tenido que echar currícula en mil sitios, no se han pasado años estudiando unas oposiciones, a veces en otras lenguas, no han tenido que buscar trabajo en el extranjero... Se han limitado a pegar sellos en un partido político, cortando cabezas o evitando que se la corten a ellos, dando discursitos, pegando pegatinas, gastando pólvora del Rey, eligiendo bando y escogiendo sus palabras en la medida que su inteligencia lo permitía. Medrando por unos medios que nada tienen que ver con los que existen en el mundo real.
Y luego un gerifalte dice “... necesitamos a alguien que tenga esta pinta porque nos interesa dar esta imagen”. Y por arte de magia, como en un cuento de hadas, una chica con unos estudios mínimos se ve catapultada a la primera línea de la política. Y podría ser un cuento de hadas, si no fuera por todo lo demás: esa chica ha sido escogida sólo por su aspecto; ¿cuántas chicas feas y chicos de 30 años hay en las primeras filas socialistas? ¿Por qué en el mundo real una joven licenciada tiene que buscar determinado tipo de trabajos y de salarios, pero si entra en política asciende a una velocidad tan increíblemente mayor? Y sobre todo ¿está una persona de 30 años capacitada para llevar a cabo determinado tipo de gestiones y tener determinado tipo de responsabilidades? En el mundo ideal de Zapatero sí, porque quiere hacernos creer que los jóvenes valen. El problema es que luego esas chicas abren la boca, y descubrimos que nunca pisaron un cuartel, o que les patina la gramática; y te das cuenta que lo que se le exige a un opositor a profesor no se le exige a una Ministra de Cultura. Porque a lo mejor el estudiante que valía de verdad quiere sacar unas oposiciones, o acceder a un determinado puesto de trabajo, y el que no vale se mete en política para medrar sin trabajar; y cada uno asciende en su sector en función de la competencia y de las necesidades del mercado. Y resulta que llega antes a un salario millonario el vago político que el buen estudiante trabajador.
Esto es, para Zapatero, decir a los jóvenes que aprecia su valía y que confía en ellos para guiar el futuro de España. Fascinante.
¿Y qué hace mientras tanto el Partido Popular? Vacilar. Tiene una grave crisis en el PP Vasco por la dolorosa salida de María San Gil, que sigue coleando; y una mujer estupenda como Montserrat Nebrera se ha quedado a las puertas de dirigir el PPC; y no se sabe lo que pasará con Juan Costa, un economista elegante y carismático, un tipo con gancho. Pero me alegro del ascenso de Cospedal (posiblemente la próxima Presidenta de Castilla La Mancha) y de González Pons (para mí el referente del nuevo PP). El Partido Popular tiene ahora mismo frentes internos abiertos en Euskadi, su referente moral, y en Cataluña, comunidad de la que ahora mismo depende el resultado electoral de toda España. Si consiguen cerrar con acierto esas heridas; si se construye un PPC capaz de enfrentarse al PPC y arrebatarle votos; si los constantes casos de corrupción de la Andalucía chavista terminan pasándole factura a los socialistas y son explotados sólidamente por el PP; y, sobre todo, si toda España ve por fin el vacío absoluto que hay dentro de la mente de Zapatero, incapaz de sentarse a gestionar un país y obsesionado con recrear los grandes debates de nuestro tiempo... Si el PP consigue todos esos objetivos, el PSOE ya puede echarse a temblar, o a correr, como dice González Pons; y más ahora que, en plena crisis, al Presidente le ha dado por el aborto y la eutanasia, como antes le dio por el terrorismo o la inmigración; véase el diálogo con el que le anunció a Caldera que ya no sería Ministro de Trabajo:
ZP: Tengo que quitarte porque tu política de inmigración ha costado muchos votos.
Caldera: Será la tuya, Presidente.
ZP: Bueno, es lo mismo.
Puro brainstorming.
Con esta nota de humor valleinclanesco me despido. Un abrazo a todos y gracias por leerme.
Pedro.
Hacía mucho tiempo que no escribía, como corresponde a mi posición. Pero hoy he encontrado un hueco para comentar la deriva de la situación política española. No hace falta que me lo agradezcáis.
Comenzaré hablando, como debe ser, del Gobierno. Mucha gente prefiere criticar a la oposición, y les gustaría que el calendario político lo marcara lo que hace el Partido Popular; desafortunadamente, quien está gobernando ahora es el PSOE, y por tanto sus decisiones, sus crisis internas, y sus ideas de quién debe medrar y quién apartarse del poder, nos afectan a todos, ya que normalmente somos los ciudadanos los que lo pagamos, pues tanto sus prebendas son concedidas con nuestros impuestos, como sus errores se traducen en parados y en otros desafueros a nuestros bolsillos y otros aspectos de nuestra vida.
Pero no voy a hablar de la crisis; de esa crisis que hace 5 meses no existía, según el Gobierno; de esa crisis cuya negación supuso la victoria de Solbes en el debate contra Pizarro (¿puede cambiarse el resultado de un encuentro varios meses después?); de esa crisis de la que alertó el PP hace 4 años si Zapatero no tomaba medidas económicas. ¿Qué dijeron los socialistas durante estos años al respecto? Llamaron a Rajoy “Profeta del desastre y desastre de profeta”; dijeron que la derecha no aguantaba que la izquierda supiera gestionar; se llenaban la boca felicitándose a sí mismos del superhábit heredado... Pero no, no voy a hablar de la crisis; sencillamente, porque no sé de economía.
De lo que sí sé es de lo que puede saber alguien de mi generación. Me explico: titulo este artículo con una expresión que definía a los ancianos gerifaltes soviéticos y lo ilustro con el diseño de la portada del álbum “La juventud de Corto Maltés”, del gran Hugo Pratt (uno de mis héroes literarios favoritos, aunque este album concreto no sea tan bueno como “Corto Maltés en Sibera” o “Las Etiópicas”, por citar sólo un par de ejemplos; en todo caso, nunca está de más recordar que Corto y el viejo Raputín también fueron jóvenes alguna vez, allá por 1905, en tiempos de la Guerra Ruso-Japonesa). Todo ello para referirme a la fiebre que le entró al PSOE por colocar en primera línea política a churris jovencitas, a ser posible rubias y monas, y en torno a los 30 años, es decir, la edad de mi hermanita (vaya cambio; de los ancianos socialistas y los jóvenes aventureros, a nuestras ministrinas, como dice mi augusta madre, que quedó la 5ª de España en unas oposiciones a cátedra con 30 años). Aquí entran Karma Chacón, Bibiana Aído o Leire Pajín, por citar los ejemplos de mayor actualidad. Todo ello conforme a una campaña de imagen que haga creer a los “jóvenes” que el PSOE les entiende y les valora, y especialmente a las mujeres.
Lo cual sería precioso, si no fuera porque el invento hace más agua que un pecio. Porque no se puede valorar aquello que no tiene valor. Desde hace bastantes años ha surgido una generación de jóvenes que, en cuanto han terminado una carrera, cuando lo han hecho, han entrado en un partido político sin mayor conocimiento de la realidad externa a un partido que el de la cafetería de la facultad y el de la televisión. No han trabajado, no se han enfrentado a una entrevista, no han tenido que echar currícula en mil sitios, no se han pasado años estudiando unas oposiciones, a veces en otras lenguas, no han tenido que buscar trabajo en el extranjero... Se han limitado a pegar sellos en un partido político, cortando cabezas o evitando que se la corten a ellos, dando discursitos, pegando pegatinas, gastando pólvora del Rey, eligiendo bando y escogiendo sus palabras en la medida que su inteligencia lo permitía. Medrando por unos medios que nada tienen que ver con los que existen en el mundo real.
Y luego un gerifalte dice “... necesitamos a alguien que tenga esta pinta porque nos interesa dar esta imagen”. Y por arte de magia, como en un cuento de hadas, una chica con unos estudios mínimos se ve catapultada a la primera línea de la política. Y podría ser un cuento de hadas, si no fuera por todo lo demás: esa chica ha sido escogida sólo por su aspecto; ¿cuántas chicas feas y chicos de 30 años hay en las primeras filas socialistas? ¿Por qué en el mundo real una joven licenciada tiene que buscar determinado tipo de trabajos y de salarios, pero si entra en política asciende a una velocidad tan increíblemente mayor? Y sobre todo ¿está una persona de 30 años capacitada para llevar a cabo determinado tipo de gestiones y tener determinado tipo de responsabilidades? En el mundo ideal de Zapatero sí, porque quiere hacernos creer que los jóvenes valen. El problema es que luego esas chicas abren la boca, y descubrimos que nunca pisaron un cuartel, o que les patina la gramática; y te das cuenta que lo que se le exige a un opositor a profesor no se le exige a una Ministra de Cultura. Porque a lo mejor el estudiante que valía de verdad quiere sacar unas oposiciones, o acceder a un determinado puesto de trabajo, y el que no vale se mete en política para medrar sin trabajar; y cada uno asciende en su sector en función de la competencia y de las necesidades del mercado. Y resulta que llega antes a un salario millonario el vago político que el buen estudiante trabajador.
Esto es, para Zapatero, decir a los jóvenes que aprecia su valía y que confía en ellos para guiar el futuro de España. Fascinante.
¿Y qué hace mientras tanto el Partido Popular? Vacilar. Tiene una grave crisis en el PP Vasco por la dolorosa salida de María San Gil, que sigue coleando; y una mujer estupenda como Montserrat Nebrera se ha quedado a las puertas de dirigir el PPC; y no se sabe lo que pasará con Juan Costa, un economista elegante y carismático, un tipo con gancho. Pero me alegro del ascenso de Cospedal (posiblemente la próxima Presidenta de Castilla La Mancha) y de González Pons (para mí el referente del nuevo PP). El Partido Popular tiene ahora mismo frentes internos abiertos en Euskadi, su referente moral, y en Cataluña, comunidad de la que ahora mismo depende el resultado electoral de toda España. Si consiguen cerrar con acierto esas heridas; si se construye un PPC capaz de enfrentarse al PPC y arrebatarle votos; si los constantes casos de corrupción de la Andalucía chavista terminan pasándole factura a los socialistas y son explotados sólidamente por el PP; y, sobre todo, si toda España ve por fin el vacío absoluto que hay dentro de la mente de Zapatero, incapaz de sentarse a gestionar un país y obsesionado con recrear los grandes debates de nuestro tiempo... Si el PP consigue todos esos objetivos, el PSOE ya puede echarse a temblar, o a correr, como dice González Pons; y más ahora que, en plena crisis, al Presidente le ha dado por el aborto y la eutanasia, como antes le dio por el terrorismo o la inmigración; véase el diálogo con el que le anunció a Caldera que ya no sería Ministro de Trabajo:
ZP: Tengo que quitarte porque tu política de inmigración ha costado muchos votos.
Caldera: Será la tuya, Presidente.
ZP: Bueno, es lo mismo.
Puro brainstorming.
Con esta nota de humor valleinclanesco me despido. Un abrazo a todos y gracias por leerme.
Pedro.




